Consejos para estudiar (científicamente comprobados)

  1. Evita la “Curva del Olvido”: Nuestro cerebro olvida en 24 hrs cualquier cosa que no sea importante. Pero si durante las siguientes 24 hrs, repasas sólo 10 minutos, la información retenida será de casi 100%. A la semana, repasa sólo 5 minutos para mantenerlo fresco. Al mes, sólo serán necesario 2 a 4 minutos de estudio para reflotar el material.
  2. Estudiar espaciadamente: Lo ideal es estudiar 20 minutos, seguidos de 10 minutos de recreo enfocado a actividades físicas.
  3. El viejo papel: Leer en un tablet o computador es 6% más lento que en papel, y además, leer en papel facilita la recordación del material.
  4. Ejercita en vez de leer todo: Releer la materia no es más que pérdida de tiempo. Aplicar lo aprendido mediante ejercicios permite aumentar al doble la retención de la información.
  5. Fichas versus destacadores: El uso de desatadores no sirve de nada, incluso pueden impactar negativamente sobre el estudio. El uso de fichas o tarjetas de estudio, donde se resumen la información, son más útiles para estudiar, y en caso de re estudio, un simple vistazo sirve para refrescar la memoria.
  6. No al multitasking: Dos tareas al mismo tiempo nos hace inevitablemente menos eficaces en ambas. Eso incluye ruidos molestos, tareas pendientes, celular con whatsapp o la TV encendida.
  7. Aplica el método Feynman: En sus tiempos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el brillante físico Richard Feynman, previo a un examen, llevaba un cuaderno a todas partes. Este cuaderno, según su biógrafo, James Gleick, se titulaba “El cuaderno de las cosas que no sé”. A diferencia de la actitud corriente de rehuir de aquello que no entendemos, Feynman conservaba un cuaderno exclusivamente para ello, donde reorganizaba todo su conocimiento con el fin de dar con una respuesta. Suena como algo que solo un físico brillante podría hacer, pero es bastante sencillo: convertir tu conocimiento en algo concreto. Los pasos recomendados para aplicar el método de Feynman son tres:
    1. Escoge un concepto y escríbelo como título en una hoja. No importa si es un concepto que domines o, por el contrario, que todavía te cueste.
    2. Explícalo como si se lo estuvieras enseñando a un alumno nuevo. Esto significa utilizar palabras simples por sobre tecnicismos. Se recomienda recurrir a simplificaciones y analogías todas las veces que sea necesario.
    3. Encuentra las lagunas y rellénalas. Inevitablemente la cuerda se agotará en algún momento, esto te permitirá encontrar cuáles son tus vacíos de conocimiento más importantes. Aquí es necesario retornar al libro o presentación todas las veces que sea necesario, hasta que la explicación esté completa.

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