Los “Jardines Colgantes”
Los “Jardines Colgantes”: historia, fuentes, hipótesis y legado
Los Jardines Colgantes son el enigma más persistente de las Siete Maravillas del mundo antiguo. La tradición grecorromana los situó en Babilonia y los describió como una montaña artificial de terrazas arboladas sostenidas por bóvedas y provistas de un sofisticado riego elevatorio. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI no existe consenso sobre su localización ni pruebas arqueológicas concluyentes en Babilonia, lo que ha abierto líneas de investigación alternativas, en particular su reubicación en Nínive (capital asiria) bajo el rey Senaquerib.
Qué dicen las fuentes antiguas
Cuatro autores grecolatinos moldean el “retrato” clásico:
- Diodoro de Sicilia (s. I a. C.) describe un jardín cuadrangular de varias terrazas, de gran altura, plantado con “árboles de montaña” y sostenido sobre bóvedas; lo atribuye a un “rey sirio”.
- Estrabón (s. I a. C.–I d. C.) menciona un tornillo para elevar agua desde el Éufrates hasta las terrazas, uno de los rasgos técnicos más citados.
- Quinto Curcio Rufo (s. I d. C.) alude a jardines situados “en lo alto de la ciudadela”, también bajo un “rey sirio”.
- Josefo (s. I d. C.) cita al sacerdote babilonio Berosos y es el único que atribuye explícitamente la obra a Nabucodonosor II (r. 605–562 a. C.) para complacer a su esposa de origen medo.
Estas descripciones, aunque convergentes en el diseño por terrazas y riego elevatorio, no concuerdan del todo en autoría y detalles, y son testimonios indirectos (resumen de fuentes hoy perdidas) escritos siglos después de los hechos.
El problema babilónico: silencios y evidencias ausentes
Pese a la fama del relato, no se han hallado textos cuneiformes de Babilonia que mencionen los Jardines ni ruinas inequívocas en el área excavada de la ciudad; el propio Heródoto, que describió Babilonia con amplitud, no los menciona. Esto ha llevado a algunos especialistas a considerar la posibilidad de un mito literario o de una transferencia de información entre ciudades mesopotámicas.
Conviene recordar que Babilonia está hoy inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial (2019), pero dicha inscripción no zanja el enigma de los Jardines: reconoce el valor de la ciudad neo-babilónica (Puerta de Ishtar, Vía Procesional, palacios), no la existencia del “maravilla” en particular.
La hipótesis Nínive: Senaquerib y la “maravilla para todos los pueblos”
Desde los años noventa, la asirióloga Stephanie Dalley propuso que los “Jardines Colgantes” no estuvieron en Babilonia, sino en Nínive, y que el constructor fue Senaquerib (r. 704–681 a. C.). Sus argumentos combinan filología, geografía histórica y arqueología:
- Textos reales de Senaquerib describen una red hidráulica de decenas de kilómetros con canales, presas y un acueducto de sillares en Jerwan, para abastecer Nínive; el rey se jacta de haber creado una “maravilla para todos los pueblos” y de usar dispositivos elevadores de agua.
- Relieves asirios del palacio de Senaquerib y de su nieto Asurbanipal muestran jardines aterrazados con arquerías y arbolado, coherentes con las descripciones grecorromanas.
- La técnica del tornillo mencionada por Estrabón encaja mejor con el programa hidráulico asirio que con los testimonios (silenciosos) neo-babilónicos.
El acueducto de Jerwan, estudiado desde los años treinta y reevaluado en 2014, es la pieza estrella de esta hipótesis: una obra monumental de bloques con inscripciones cuneiformes que acredita un suministro estable y en altura hacia Nínive, condición necesaria para un jardín aterrazado de gran escala.
Cómo habría funcionado: ingeniería y mantenimiento
Los textos clásicos y asirios convergen en tres elementos técnicos:
- Terrazas sobre bóvedas. El peso de árboles y suelos exigía plataformas con buena capacidad portante y sistemas de drenaje para evitar filtraciones; Diodoro detalla depósitos de suelo profundos “para acomodar las raíces de los árboles más grandes”.
- Elevación de agua. Estrabón habla de un “tornillo” (a menudo identificado con el tornillo de Arquímedes, aunque su forma exacta en época asiria se debate) para subir agua desde un curso inferior a niveles sucesivos.
- Gran hidráulica exterior. La captación a larga distancia y el acueducto de Jerwan prueban la capacidad asiria de mantener caudales suficientes todo el año, premisa imprescindible para un jardín con árboles adultos en clima mesopotámico.
¿Babilonia o Nínive? Estado del debate
- A favor de Babilonia: cadena textual que incluye a Berosos/Josefo y el contexto monumental de Nabucodonosor II (Puerta de Ishtar, Vía Procesional, grandes palacios). Sin embargo, la ausencia de menciones cuneiformes y de restos inequívocos debilita esta identificación clásica.
- A favor de Nínive: evidencia hidráulica (Jerwan), relieves con jardines aterrazados y autoglorificación de Senaquerib como creador de una “maravilla”. Críticos recuerdan que las descripciones griegas ubican los jardines en Babilonia y que no hay consenso total sobre el dispositivo elevatorio. La discusión sigue abierta, aunque la “hipótesis Nínive” ha ganado tracción académica en las últimas décadas.
Función y significado
Más allá de la localización, los Jardines se entienden como:
- Paisaje de poder: un paraíso artificial que exhibía dominio técnico sobre agua y vegetación, y materializaba el ideal oriental de jardín real (paradeisos). Las escenas de banquete en jardín de Asurbanipal lo muestran como escenario de magnificencia cortesana.
- Icono cultural: la única “Maravilla” cuyo emplazamiento no está fijado, lo que ha multiplicado recreaciones y debates, y convertido el enigma en parte esencial de su atractivo historiográfico.
Balance crítico
- Fuentes: Diodoro, Estrabón, Curcio y Josefo son la base textual. Corroboran un diseño por terrazas y un sistema elevatorio; discrepan en autoría y detalles topográficos.
- Arqueología: en Babilonia no hay evidencias concluyentes de los Jardines; en Nínive sí hay infraestructura hidráulica (Jerwan, canales) y relieves con jardines aterrazados, pero no una inscripción que nombre la “Maravilla de Babilonia”.
- Hipótesis Nínive: hoy es la alternativa más articulada: sostiene que cronistas helenísticos y romanos confundieron la fama de Nínive/Senaquerib con el topónimo “Babilonia” (común en Mesopotamia) o la trasladaron por simplificación. La propuesta descansa en pruebas técnicas y textos asirios, y está desarrollada en la monografía de Dalley (OUP).
Conclusión
Los “Jardines Colgantes” son, simultáneamente, obra maestra de la imaginación antigua y problema histórico. El relato grecorromano de un parque aterrazado irrigado mediante ingenios elevadores es consistente; su emplazamiento no lo es. La falta de pruebas babilónicas contrasta con la abundancia de evidencias hidráulicas y visuales asirias, lo que hace plausible que la “maravilla” descrita por los autores clásicos sea, en realidad, el programa paisajístico-hidráulico de Senaquerib en Nínive. Hasta que nuevas excavaciones o lecturas epigráficas resuelvan el enigma, los Jardines seguirán siendo un espejo donde medir cómo la tradición textual, la arqueología y la ingeniería antigua se entrelazan para construir —y cuestionar— una de las imágenes más poderosas del Oriente antiguo.
Anexo: sobre Babilonia hoy. La ciudad histórica fue inscrita por UNESCO en 2019; esa designación protege el conjunto urbano y sus monumentos, pero no prueba la existencia ni la localización de los Jardines.
![Seckel [cl]](https://i0.wp.com/www.seckel.cl/wp-content/uploads/2020/09/Seckel-3.png?fit=1650%2C221&ssl=1)